Pienso a veces que, a pesar de los leonesistas, acabará fraguándose algún tipo de unión entre León, Zamora y Salamanca. A pesar de los leonesistas, sí; pero gracias a la Junta de Castilla y León. Nada une más que las penalidades compartidas, el sufrimiento, la pobreza. Y no se sabe qué pasa -o sí-, que desde que estamos en esta Autonomía de nueve provincias, en todos los indicadores, en todos los informes, en todos los estudios, aparecen sistemáticamente esas tres provincias como las perjudicadas, las que pierden todos los trenes, las que no progresan, las que están cada vez más distantes del grupo de cabeza (Valladolid, Burgos, Palencia), las que padecen mayores índices de pérdida de población. Son las tres del Oeste, aquellas para las que el PSOE de Zapatero y Caldera prometió un Plan Especial, cuando ni por asomo pensaban en ganar. Ninguna de las tres levanta cabeza, como acaba de constatar ese último y enésimo informe de la nada sospechosa Asociación de Empresa Familiar de Castilla y León. Ni Salamanca con su legendaria Universidad y sus masas de turistas -esos que según algunos son la gran esperanza de Zamora, pese a partir de cero patatero-; ni León con sus logros sucesivos, gracias tanto a las presiones leonesistas como al arrojo indudable de los leoneses; ni Zamora, pese a que no para de moverse, de exigir, de montar plataformas reivindicativas. Ninguna de las tres sale del marasmo, ni logra acercarse a las restantes provincias de la Comunidad.
Es obvio (y es el colofón de cualquier trabajo documentado, del que ya llevamos unos cuantos) que una situación así, con un grupo de provincias cada vez más rezagadas y otro cada vez más en vanguardia, sólo puede modificarse mediante la política. Pero la política de verdad, que es seguramente la que aún no conocemos en Castilla y León. Sólo la política puede permitirse un esfuerzo especial y continuado, que cargue presupuestariamente sobre las provincias descolgadas, en obvio detrimento temporal de las que van más adelantadas. La pregunta del millón es: ¿Alguien se imagina a esta Junta que tenemos abordando un planteamiento tal? ¿Imaginan a un solo gobernante regional dispuesto a inclinar con fuerza la inversión presupuestaria sobre León, Zamora o Salamanca, en perjuicio de Valladolid, Burgos o Palencia?
Yo, tampoco. Por eso creo a veces que el Oeste de esta región, el viejo Reino Leonés del incansable Carreño, acabará teniendo que entenderse para pelear con más éxito del logrado hasta ahora, con cada provincia por su lado. O eso o las perspectivas son francamente negativas ante el inamovible funcionamiento de esta Comunidad Autónoma, cada vez más asimétrica.
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El joven Patino ya es doctor. ¡Hala! Para que algunas madres sigan diciendo:
-Hijo, tú no te metas en el mundo del cine, que por ahí nunca llegarás a nada.
Pobres mamás, siempre protectoras y sin asumir que hagan los hijos lo que hagan, nunca llegarán a nada, porque ese es el sino del ser humano, sobre todo si se someten al espejismo del triunfo “matriarcal”. Para triunfos, el del doctor Martín Patino. Siempre yendo a contrapié, concibiendo el cine como arte cuando nadie se atrevía ni a soñarlo, creando contra el dictador cuando esto era su finca, creando contra el mercado ahora que todos estamos sometidos a ese dios, creando contra Salamanca cuando Salamanca se merecía que crearan contra ella… Bueno, esto último acaso sea una licencia mía. No sé. Tengo entendido y deduzco de sus películas que la relación de Basilio Martín Patino con Salamanca ha sido de amor-odio, de pasiones encontradas, de fascinación y repulsión a un tiempo o según épocas. Por eso es tan gozoso y oportuno que la Universidad de Salamanca haya decidido incluirlo entre sus doctores “honoris causa”. Así, la balanza siempre algo indecisa se inclinará hacia la parte amable –estoy es, digna de ser amada- de su ciudad, tan odiosa en otras circunstancias e incluso hoy entre algunas de sus más cerradas tribus.
No se puede permitir ciudad alguna no amarrar por el lado de los afectos a tipos del calibre de Martín Patino, eternamente joven por eterna e insobornablemente creador. Dicen algunos que algo tarde ha llegado este homenaje al de Lumbrales. No estoy muy de acuerdo. Podía, sí, haberse hecho antes con idénticos merecimientos. Pero nunca es tarde si la dicha es buena. Y la dicha -me parece que en eso no voy a hallar oposición- es buena y total. Ahí como lo ven, delgado, sonriente, ojeroso, pensativo, fingiéndose uno más, don Basilio es un genio. De los dos o tres que surgen por generación. Los genios, eso sí, suelen resultar incómodos, al sentirnos los demás demasiado pequeños ante el despliegue inevitable de sus talentos. Y no siempre sabemos qué hacer con ellos. Por eso Martín Patino, pese a su sobredosis de talento cinematográfico, ha trabajado a trancas y barrancas, tan irregularmente: no encajaba. Como no encajó Orson Welles. Y tantos otros… genios. La propia Salamanca no siempre ha sabido qué hacer con él. Pero las nieblas se han ido levantando. Se le encargó la bellísima –y despiadada- “Octavia” cuando la capitalidad cultural, se le otorgó la medalla de oro de la ciudad… Y ahora la Universidad lo hace doctor.
Bien está. Y bien que nos alegramos, más por Salamanca y su Universidad, que por el “sobrado” y joven doctor Martín Patino.
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Muchos socialistas siempre han sospechado que Solbes es un infiltrado. Nunca ha tenido carnet del PSOE. Y de sacarse un carnet, creen los socialistas, no sería el del partido de ZP. Estos días tiene contentos el vicepresidente económico a los del partido que tantas cosas le ha permitido ser. Ya saben que se acercan elecciones. Y que, con tal de ganarlas, los partidos prometen lo que haga falta. Se pueda o no se pueda cumplir, pequeño detalle, oiga, que ya se toreará después. El problema es cuando tienes a alguien dentro a quien: A, le importa un pepino el resultado electoral porque él ya ha llegado a la edad de jubilación; B, tiene un prestigio por el que velar; C, está “mayor” para reír gracias electorales. Así que Solbes, a quien apenas hemos oído hablar en estos más de tres años de tanto poder, últimamente no calla. Y cada vez que habla, los del PSOE no saben adónde mirar.
Primero fue Chaves. El presidente andaluz, dispuesto a lo que sea para que Andalucía no conozca alternancia y menos con su íntimo enemigo Arenas como recambio, se sacó de la manga una asombrosa y, desde luego, envidiable ley. Vamos, proyecto de ley, porque no se hará realidad, si se hace, hasta que los andaluces no lo vuelvan a votar. Habrá vivienda para todos, se pongan como se pongan los especuladores y los reyes de la hipoteca nacional. Para todos los andaluces, se entiende. Eso es lo que Chaves promete regular por ley. Bueno, pues hacer tal anuncio el andaluz, aplaudirlo la flamante ministra Chacón y salir Solbes arrugando la nariz y diciendo que eso no iba a poder ser, porque costará una barbaridad, fue todo uno. Tampoco le gustó al vice económico que el mismísimo ZP se subiera a la tribuna del Congreso, como si fuera el padrino de un bautizo, y empezará a tirar bonitos billetes por cada hijo. Ahora ha sido lo de los dentistas para que al menos los niños no anden con los dientes hechos puré por falta de “parné”. El nuevo ministro de Sanidad amagó con una cierta y parcial gratuidad y, oye, no veas cómo se ha puesto Solbes. Que no y que no.
Extraño caso, en verdad, el que se le presenta a ZP en la recta final de su primer mandato. Demasiado tarde para echar a un vice insumiso. Demasiado riesgo para el momento de incertidumbre económica. ¿Pero cómo ganar las próximas elecciones si Solbes les boicotea cualquier oferta con un poco de tirón? Solo faltaría que el número tres del Gobierno se pusiera a elogiar a Mariano Rajoy… Y acabo de oírlo en la tele diciendo maravillas sobre el líder de la oposición. Esto empieza a tener algo de chiste.
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Cada vez que paso junto a un contenedor de basura lo miro de reojo, preguntándome qué tendrá para atraer de tal modo las iras de los adolescentes borrachos. No es que sea la única diana de esos que se han dado en llamar vándalos juveniles, pero es la que se lleva la palma de esta otra “kale borroca” de la que se habla menos, quizá porque está por todas partes y porque afecta, ay, a los nuestros. ¿Qué les pasa a nuestros chicos? ¿Por qué arremeten con tanta furia acumulada, en cuanto se pasan de copas u otras cosas, contra contenedores, asientos, papeleras, vallas y lo que hallen a su paso? Porque la causa, ojo, no es el alcohol sin más, como tantas veces dicen o decimos. El alcohol es solo un potente desinhibidor: hace aflorar lo que estaba latente, reprimido, pero con ganas de salir a la superficie.
Los adolescentes, los jóvenes son los grandes consentidos de la tolerante etapa social que nos ha tocado en suerte. No se les puede imponer el más mínimo castigo. Si lo hacen alguien de fuera, por ejemplo un profesor que quiere disciplina, los padres se opondrán con fiereza: nadie toca un pelo a mi hijo, es frase nada desusada como cualquiera sabe. Pero es que si es el propio padre quien pretende, desde dentro, aplicar un correctivo a su vástago, habrá de andar con pies de plomo: en cuanto se pase, en cuanto roce al “niño”, en cuanto pueda hacer algo que lo “traumatice”, entrarán en escena todo tipo de mecanismos protectores de tipo legal o social. Resultado práctico: hasta los dieciocho años los niños, adolescentes y jóvenes son virtualmente intocables, dentro y fuera de su casa, hagan lo que hagan.
Retrocedan ahora mentalmente a sus años mozos. Piensen en ustedes mismos cuando atravesaron las turbulencias de los doce, los catorce, los dieciséis años. Imaginénse que, al contrario que entonces, nadie, ni sus padres, les hubiese aplicado nunca el más mínimo correctivo. Imagínense en aulas de disciplina laxa. Imagínense con dinero suficiente para salir los fines de semana e incluso emborracharse. Imaginen eso una y otra vez. Y quizá deje de parecerles tan extraño que bandas de adolescentes borrachos salgan cada fin de semana en pandilla -no en Zamora: en todas las ciudades, ya incluso en algunos pueblos-, se emborrachen y arremetan divertidos contra cuanto hallan a su paso, seguros como están de que no podrá pasarles nada, puesto que está prohibido que les pase algo, tanto dentro como fuera de su casa.
Pues eso es lo que hay: chavales consentidos llamando la atención para que no se les consienta tanto.
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Estos días las librerías están llenas de mamás comprando libros escolares. (Los papás nunca se sabe dónde van cuando salen del trabajo). Es un trago, sobre todo si en casa hay más de un niño.
-Hablan de la cuesta de enero, pero anda que la de septiembre…
El reinicio del curso escolar está, como todo, cada vez más caro. Y eso que en este país tenemos la suerte de gozar de enseñanza universal y gratuita. Esa gratuidad, sin embargo, ha tenido siempre la extraña anomalía de que no afecte a los libros de texto, convertidos en un negocio impresionante. Hombre, se va remediando poco a poco y son cada vez más las autonomías que asumen ese coste. Si bien Castilla y León va a ser en eso, como en casi todo, la última en enterarse. Por eso aquí el inicio de curso sigue dando buenos sustos a las madres (a los padres no los veo casi nunca comprando libros de texto, como si eso no fuera, oye, cosa de hombres). Es la cuesta de septiembre: libros, menaje, cartera, ropa, chándal, babi…
-Hablan de la cuesta de enero, pero anda que ésta.
Lo que pasa es que vamos a tener que dejar de hablar de cuestas, porque todo el año se está volviendo cuestas. En enero, porque diciembre deja las carteras tiesas. En febrero, porque era de tontos no aprovechar las fenomenales rebajas. En marzo, porque ya es primavera en los grandes centros comerciales. En abril porque seguro que hay ofertas mil. En mayo, por las comuniones… En fin, tampoco quiero deprimir tan de mañana. El caso es que vivimos en una sociedad que cada vez aprieta más las tuercas para que gastemos hasta el límite de nuestras posibilidades. Y lo hace tan bien, de modo tan perfeccionado, que no hay manera de escaparse y cada año vamos un poco más al límite. Por eso de repente todo empiezan a ser cuestas que no hay ciclista que suba sin “ayuda”. Subimos como podemos todas estas pendientes, dopados hasta las orejas. Eso sí, el dopaje, en esto, no solo está permitido, sino que casi se nos obliga a utilizarlo: lo llaman crédito y te lo ofrecen hasta por la tele y con una simple llamada -a intereses, eso sí, estratosféricos-. No dejo de preguntarme, sin embargo, cuánto va a tardar en reventar por algún sitio todo esto. Tanto esfuerzo, tanto ir al límite, tanto “dopaje” crediticio acabará, a ver, por pasar la correspondiente facturita.
Los expertos en ciclismo dicen que si se quiere evitar el dopaje habrá que poner menos cuestas en el recorrido. Pues eso mismo pienso yo de lo que no es ciclismo. Negociantes: tanta cuesta seguida acabará con la clientela. Cuestión de tiempo.
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No me quito de la cabeza eso del mozo salmantino que hace días se cortó de cuajo el origen de sus pecados; vulgo, pito. Pobre muchacho. No puedo evitar identificarme. Uno, entiendan, tiene un pasado tenebroso, de internado de curas en los años duros. Y allí, en las frecuentes comeduras de tarro –vulgo, ejercicios espirituales-, no era raro que quedásemos “tocados”, al menos por unos días. Quiero decir que a veces nos convencían y nos jurábamos no volver a pecar nunca más, previo martirio si hacía falta. Sí, ríanse todo lo que quieran. Pero pónganse en lugar de críos de diez, once o doce años, a los que expertos programadores mentales –o sea, bregados directores de ejercicios espirituales- encerraban en un lugar aislado durante varios días e infierno va, infierno viene, os vais a condenar chavales y arderéis por toda la eternidad como se os ocurra volver a tocaros la colita… No vean la tirria que se le cogía a la colita en cuestión. Porque ese, o sea, era en verdad el único foco de tentaciones que teníamos. Los demás Mandamientos estaban chupados. Pero ese se hacía incumplible. Y eso que no viene, oye, en los Mandamientos propiamente dichos. ¿O acaso pone en algún lugar “No te volverás a tocar, niño, y menos si da gusto”? Total, que luchábamos como jabatos durante algunos días contra la ardiente tentación residente en la colita, hasta que volvíamos a pecar. Y ya, como la condenación era inevitable, pues el resto del curso tan ricamente dale que te pego. Ello no obsta para que en las siguientes sesiones de comeduras de tarro –solían ser anuales- volviésemos a odiar y deseásemos cortarnos la única razón de que no pudiésemos dejar de ser pecadores. Por eso entiendo y me solidarizo con ese salmantino que hace unos días acabó, ¡zas!, con la fuente mayor y seguramente única de sus tentaciones. Y espero que el cometarros responsable haga, como mínimo, otro tanto. ¿En qué lógica cabe que la misma religión que predica lo de creced y multiplicaos prohíba el uso del órgano reproductor?
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Zapatero inicia cada curso político en Rodiezmo (León), como Aznar lo hacía en Quintanilla de Onésimo (Valladolid). O sea, un gesto es copia del otro, tal cual, calcado. De hecho, yo siempre he pensado que el ídolo oculto de Zapatero es Aznar. Estoy seguro de que desde la oposición lo miraba a escondidas con admiración mal disimulada. Estoy cada vez más convencido de que al ver que alguien tan mediano, sin carisma alguno e incluso de trato desabrido, podía llegar a lo más alto y “triunfar”, fue cuando se dijo ZP:
-Pues si puede ese, entonces yo también.
Se animó, derrotó a Bono, se hizo con el PSOE y ahí lo tienen.
El presidente Aznar acostumbraba a irse de vacaciones cada verano adonde le parecía, pero al término, antes de volver al tajo monclovita, tenía dos citas repetidas cada año. Primero, al Monasterio burgalés de Silos a “orar”. Después, a Quintanilla, a echarse una partida de mus televisada en la cantina del pueblo, con algunos paisanos y el inevitable e infable presidente autonómico entoncs, Juan José Lucas. Cuando Zapatero logró sucederle en el alto puesto, seguro que debatió con sus asesores de imagen el tema de la “rentré” veraniega:
-Soy de un partido laico y a Silos no puedo ir.
-No, no. Ni hablar.
-Soy de un partido de izquierdas y en modo alguno puedo iniciar el curso en el pueblo natal del líder fascista Onésimo Redondo.
-No, no. Ni hablar.
Habría, pues, “tormenta de ideas” y debatirían muchos nombres hasta que optaron por Rodiezmo, zona minera y por tanto con imagen de izquierdas, combativa. Y para colmo de bondades, en León. Por eso se acaba de iniciar ahí, un año más, la “rentré” política de don José Luis. Y por eso mismo no sé a qué viene el desagradable recibimiento con que una vez más sale el PP de Castilla y León, disparando “mañuecadas” preventivas contra él (“vendrá a Castilla y León de turismo”, Mañueco, dixit)
Vamos a ver, gavioteros míos: lo primero es que debéis alegraros de que ZP, mientras sea Presidente, venga por aquí, incluso si viniera a hacer turismo (que por desgracia no, aún no nos promociona ese sector). Pero debéis alegraros sobre todo y doblemente de la ceremonia anual de Rodiezmo porque implica un homenaje latente a vuestro inmarcesible y único líder actual, José María Aznar. Sin las cosas o manías del bigotes, ni de broma se le hubiera ocurrido al leonés una ceremonia así para marcar el inicio de de curso. Así que, sonreíd y no os sofoquéis, que os va a dar algo, hombres.
(Artículo publicado por los diarios del grupo PROMECAL)
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Me cae bien Rosa Díez. Fernando Savater aún me cae mejor. Lo que dicen ambos y en general el colectivo “Basta Ya” lo suscribo siempre, mentalmente, de cabo a rabo. Cuentan las crónicas que ahora, ese colectivo, esa gente, ese par de nombres de vascos valerosos, va crear un nuevo partido político. Por esa razón, Rosa Díez, que tiene un escaño socialista en el Europarlamento, ha anunciado que abandona el partido en el que llevaba toda la vida. Los del PSOE no se han puesto a llorar porque se vaya. Al contrario. Suspiran de alivio. Hace tiempo que no la tragaban. Decía verdades demasiado dolorosas, demasiado irrefutables. Y sobre todo, osaba levantarle la voz al líder, a los líderes, a los despistados componentes del sanedrín de Zapatero.
No hace mucho estuvo Rosa Díez en Zamora, mi ciudad, dando una charla. No pude escucharla y lo sentí. Pero algunos que sí fueron me contaron que ni un solo socialista más o menos conocido se atrevió a asistir; del PP sí que se vio a algún miembro destacado (a pescar, es obvio, en las aguas revueltas de los adversarios). Del PSOE, nadie. La europarlamentaria era ya una “apestada” en su partido. Así que si alguien asistía a su charla, no digamos si la saludaba, quedaría “contaminado”, comprometido. Cuánta ruindad y cobardía. Pero así es el interior de los partidos y por eso solo se suelen afiliar a ellos quienes se suelen afiliar. Sectarismo puro. Exclusión inmediata de quien no aprieta las filas a la voz de “ar”.
Se va ahora Rosa Díez con el no menos valerosos y valioso Savater, con los de “Basta Ya”, y se oye a los portavoces socialistas felicitándose por esa marcha, asegurando que se dirige a su lugar natural, que no es otro que el PP. Es mentira, puro veneno partidista. Es la clásica expresión de felicidad que embarga a los mediocres cuando logran que otro más inteligente se rinda y arroje la toalla. Así se desangró, hasta no ser nada, la primera IU y antes el PCE: de “auto-exclusión” en “auto-exclusión”, hasta que no quedaron en el partido más que Frutos, Llamazares y otros tres. No es probable que el nuevo partido de Rosa Díez y Savater tenga un gran futuro. En este país es imposible hacer política fuera de los dos grandes partidos. Pero el PSOE no debería de alegrarse tanto por ser hoy bastante más pobre que ayer (aunque seguramente más rico que mañana, cuando se le vaya más gente valiosa). Rosa Díaz, en el acierto o en el error, vale bastante más que la inmensa mayoría de los que se quedan, altos dirigentes incluidos.
Deseo suerte, pues, a la más valiente de las vascas (o una de ellas).
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Quizá les suene una poco raro el título de hoy. No se preocupen, les será cada vez más familiar. Las grandes empresas, la banca, cuantos tienen que enviarnos (por que la ley lo exige) facturas periódicas están empeñados en que nos pasemos a las e-facturas. O lo que es lo mismo, las facturas electrónicas. O sea, las facturas virtuales, que no están en papel alguno, sino que se consultan vía Internet. No vean al de ventajas que tiene la factura virtual sobre la real, según esas corporaciones. Y además, para acabar de convencernos, se apela con pasmoso desparpajo a nuestro posible corazón “verde” o ecológico. La factura de papel mata muchos árboles, la tira; en consecuencia, salvaremos bosques enteros, media Amazonía, si les permitimos que no nos manden más facturas de papel y nos conformamos con las e-facturas. Eso dicen, cada vez con más insistencia.
Su problema, el de bancos y grandes empresas como las de telecomunicaciones, electricidad, gas y similares, es que de momento no pueden dejarnos de mandar facturas de papel sin nuestro permiso expreso. Por eso cantan sin parar las supuestas ventajas de que olvidemos el papel y por eso se nos muestra de pronto la mar de ecologistas. Las compañías aéreas, en cambio, ya han solventado tal problema, ese engorro de tener que contar con el permiso del cliente. Así que a partir del próximo año, han anunciado, los billetes de avión dejarán de ser de papel. ¿Y de qué serán? Pues de nada, como las modernas acciones de la Bolsa o el dinero que supuestamente tenemos en nuestras libretas de ahorros: simples apuntes electrónicos. Total, dirá usted, mientras sigamos volando, qué más da cómo sean los billetes de avión. Y así es. Lo que pasa es que de ese anuncio de las aerolíneas me ha hecho gracia la insistencia en añadir que desparece el billete de papel “para reducir la tala de árboles”. E incluso se atreven a dar cifras: “con esta medida dejarán de destruirse 50.000 ejemplares” anuales.
O sea, pura conciencia verde. Hay que ver cómo avanza el ecologismo entre los altos y forrados ejecutivos de las grandes aerolíneas, empresas de servicios, cajas y bancos… ¿O la verdadera razón de tanta insistencia en la e-factura y la salvación de árboles estará más bien en eso otro de que las compañías de aviones, por ejemplo, van a ahorrarse nada menos que dos mil millones de euros cada año con eso de no tener que darnos en papel sus billetitos? ¿Usted qué cree? Naturalmente, uno está deseando salvar cuantos bosques sea posible. Pero yo aceptaré voluntariamente las e-facturas que quieren endosarme mis compañías “favoritas” cuando me digan cómo vamos a repartir los colosales beneficios extras en perspectiva. Que es lo único, como comprenderán, en lo que sus ejecutivos piensan. Menudos cínicos.
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Así que el pollo, oye, se va a volver a comportar mal. Habrá que aplicarle un severo correctivo. Recordarán que cuando subía más de la cuenta eso del IPC, alias “cesta de la compra”, mucho gobernantes solían echar la culpa “al mal comportamiento del pollo”, porque el precio de éste, o sea, había subido a lo peor más de lo previsto. Pobre pollo. Encima de que estaba muerto para que nos lo comiéramos nosotros, le echaban la culpa de la inflación. Nos anuncian ahora que está a punto de caer sobre nuestras cabezas, justo cuando estamos hipotecados hasta las orejas, subidas de precios de alimentos básicos como la leche y el pollo. Ay. La presunta causa con la que van a justificar esas subidas de precios, con tinte de subidones, es la “escasez mundial de cereales”.
Lo que nos faltaba. Eso sí que por aquí no lo va a entender nadie y puede encender al más templado. O sea, miremos hacia atrás: llevamos décadas asistiendo atónitos a la expulsión subvencionada de nuestros agricultores, porque lo que hacen, lo que producen, no sirve para nada, no se necesita y “sale más rentable” darles un sueldo vitalicio por estar en casa mano sobre mano, que no darles nada y dejar que sigan cosechando cereales u otras cosas. Esa es la absurda tesis oficial, impuesta desde la Unión Europea. Si desde China, se nos ha venido predicando, puede traerse trigo barato, ¿para qué sembrarlo aquí, si sale más caro? Con parecidas tesis se nos ha hecho arrancar vides, se nos ha prohibido tener vacas lecheras suficientes y etc, etc. ¿Para que ahora nos salgan con una escasez mundial de alimentación que, al estar en un mundo globalizado, también nos afecta a nosotros? Pero, bueno, ¿en qué manos estamos? ¿Acaso no era evidente para cualquiera persona medianamente sensata que en un mundo donde buena parte de la población pasa hambre y se muere de ella, no podía ser que se pagara por no producir alimentos?
Moraleja: estamos en manos de insensatos, de idiotas que piensan solo en términos macroeconómicos -que es la economía de salón, sin nada que ver con la vida o economía real- y de inmorales que se dejan manipular por los intereses de los grandes grupos de presión a los que interesa eliminar competencia y asegurar precios altos para lo suyo. Porque esto de ahora no va a ser, seguramente, nada especialmente grave. Pero es un aviso de lo que en cualquier momento puede suceder, como resultado directo de esta política idiota, suicida y europea de pagar para que la gente deje de producir lo que está necesitando más de media humanidad. Este tipo de imbecilidades nunca acaban bien, como es natural.
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