Aseguran testigos oculares recién llegados de Argentina que se ha visto a don Mañueco por la Patagonia predicando sin descanso la buena nueva:
-Juan Vicente seguirá siendo presidente y yo soy su profeta. Arrepentíos, emigrantes, y recordad a quién debéis votar en las autonómicas, sin escuchar al diablo del puño y de la rosa.
Cuentan los viajeros, quizá exagerando por la emoción del largo viaje o los efectos del jet-lag, que aprovechó don Mañueco las vacaciones de Semana Santa para visitar toda la América hispana y en particular los santuarios de emigrantes, con derecho a voto en su país de origen. Y que iba a los mismos lugares, oye, que semanas antes había visitado don Caldera, ministro invisible de lo social, tratando de borrar las huellas que había dejado a su paso el ministro salmantino. Y que tras cada acto, llamaba por su móvil, que allá nombran celular, y se le oía:
-Misión cumplida, Presidente. Les he dicho a todos los pamperos e incluso a los del Río de la Plata quien es de verdad ese tal Caldera que no hace tanto vino a verlos, con el único objetivo, en realidad, de captar sus votos. No como nosotros, les he explicado, que venimos solo a demostrar que nunca los olvidamos, que están en nuestros corazones, que siempre les ayudaremos y que jamás les pediremos un voto que sabemos muy bien nos van a dar, porque son gente decente y no como los que votan a los otros.
Aseguran testigos oculares y cuentan los viajeros procedentes del otro lado del Atlántico, que los emigrantes de origen castellano y leonés, los de origen salmantino en particular, están francamente emocionados con tan altas, continuas y desprendidas visitas.
-No nos dan ganas de volver, porque en la Madre Patria nunca nos harían tanto caso.
Eso han dicho algunos, con notable clarividencia.
(La Palabra de Salamanca, 12 de abril de 2007)