Estos días hay dos clases de políticos. Los agraciados y los desgraciados. Los primeros son los ganadores en la Bonoloto de las listas. Algunos se llevarán Bote y otros no. Depende. El Bote consiste en carguete de primera fila y sueldo de lujo por cuatro años. Los políticos agraciados con un puesto en las flamantes listas triples (Ayuntamientos, Diputaciones o Cortes regionales) habían pagado previamente sus boletos, no vayan a pensar. Esos premios no caen del cielo, sin jugar. Antes tiene uno que haber ido por la sede de un partido, sacarse un carnet, estar pagando cuota los años necesarios, dejarte ver de vez en cuando por allí, acudir a todos los actos que organice el partido, hacer amigos, arrimarte a los líderes… Y con todo eso, más un poco de suerte, puedes ser uno de los agraciados de este gran sorteo cuatrienal.
También existe la otra cara de la moneda, como no. O sea, la de los desgraciados. No me refiero a quienes no han ido nunca en una lista. Esos siguen en el limbo de la meritoria militancia. Los desgraciados son los que un día resultaron agraciados en un sorteo pero en el siguiente o en alguno de los siguientes, no; ya no pudieron repetir. Esos tuviera “gracia” (la del Santo Dedo de esta democracia digital) y han dejado de tenerla. De ahí lo de des-gracia o des-graciados. Los que no repiten son la cara oculta de estos días en que solo vemos a los agraciados sonriendo de oreja a oreja. Aunque esos que hoy veis haciendo la uve con los dedos inexpertos, son los que mañana, o sea, dentro de cuatro años, de ocho, se verán de pronto fuera de las listas y, como tantos otros hoy, rumiarán por las esquinas su desdicha.
Mira, por ejemplo, en las listas autonómicas del PP qué escabechina. De los cuarenta y ocho “Herrera-man” que había en el castillo medieval de Fuensaldaña solo veinticinco, apenas la mitad, estrenarán el nuevo Palacio de Versalles en las riberas del Pisuerga. ¿Renovación? ¡Y una leche! Cosas de ZP, que con la Ley de Paridad, o como se llame, ha hecho puré a la mitad de los políticos varones de este país. Habrá, por cierto, que vigilar a “las nuevas”, no vaya a ser que se nos haya travestido, para salvar su escaño, algún procurador varón. Ji.
(PROMECAL, 16 de abril de 2007)