A partir de ahora, chavales, mucho ojo con los políticos. Queda un mes para los comicios y están muy, muy atacados. No razonan. Están en plena época de celo. Olisquean por todas partes en busca del voto y de los electores, a los que cortejan con descaro. Embisten contra el adversario con solo verlo o intuirlo. Y lo que es peor, cualquier crítica o comentario ligeramente negativo te convierte de inmediato en otro adversario y por tanto te embestirán con idéntico furor.
Por tanto, queridos periodistas, opinadores, entrevistadores y gente de mala vida en general a la que el oficio obliga a un contacto estrecho con políticos estas próximas semanas: decidles que sí a todo, no paréis de sonreír, dadles la razón digan lo que digan, convencedles de que estáis de su lado y de que todos los demás son por supuesto unos memos del carallo. Vamos, salvo que tengáis blindaje para aguantar sus eventuales tarascadas. No os quieren mal ni son mala gente, pero, ya digo, han entrado en época de celo, que en los políticos se llama campaña electoral. Y están a lo que están, con la sensibilidad embotada como nunca.
Personalmente, cuando llegan cotas temporales como ésta, un mes justo para las elecciones, me hago siempre el propósito de no meterme con ninguno, tratarlos a todos como santos y anteponiéndoles el “don”, al tiempo que guardo una exquisita neutralidad… O sea, eso me propongo. Lo que pasa es que no es fácil culminar propósitos tan bellos. A la menor estupidez, me cabreo. O me empiezan a dar risa sus cortejos. Y la empiezo a liar. O sea que lo que aconsejo a mis colegas, de aquí hasta el 27, es que no hagáis lo que yo haga, sino lo que os estoy diciendo. Ojito con los bichos, que se empieza la “berrenda”.
(LA PALABRA DE SALAMANCA, 26 de abril)