La campaña electoral en curso no ofrece muchos alicientes, si nos ceñimos al caso de Salamanca ciudad. Lanzarote volverá a ser alcalde de la ciudad y no creo que pase sofocó alguno en la noche del veintisiete. Pablos volverá a ser jefe de la oposición, hasta que dentro de otros cuatro años el PSOE se decida, si es que lo hace, a buscarle sustituto. El único hueco, pues, por el que cabe especular reside en la posible irrupción de alguna nueva fuerza política en el bipartidista Ayuntamiento actual. Tengo para mí que en ese sentido sí que hay posibilidades de alguna sorpresa. Explicaré en qué me baso.
Ningún candidato con tantos años de mandato como Lanzarote se libra de un serio desgaste: siendo alcalde, incluso si lo hicieras siempre bien –lo que no es precisamente el caso-, te creas enemigos, porque gobernar es ir pisando callos por más que intentes no hacerlo. El PSOE a su vez, derrotado de antemano por esa piedra colgada al cuello que es el asunto del Archivo, presenta una batalla ficticia y solo de compromiso. Pues bien, cuando que se dan ambos factores –favorito desgastado, más ausencia de alternativa- suele suceder que muchos votantes optan por una tercera sigla.
Por eso no me extrañaría que esta vez estuviesen en el aire dos o tres concejales que no serían ni del PP ni del PSOE. Lo que no adivino es de qué lado caerán. ¿Del de IU-Los Verdes, que recuperarían así la representación perdida? Mucho tendría que pesar el factor “verde”, dada la división interna en que se ha ido consumiendo la izquierda comunista. ¿O dará la sorpresa “Ciudadanos de Salamanca”? De todos los “terceros” es, en verdad, el más novedoso y original. Además ha sabido elegir un cabeza de lista con eso que los sociólogos llamarían “tirón transversal”… ¿Vendrá por ahí la noticia local de las próximas elecciones? Porque otra más gorda no cabe esperar. O sea, me temo.
(LA PALABRA DE SALAMANCA, 3 de mayo de 2007)