No me quito de la cabeza eso del mozo salmantino que hace días se cortó de cuajo el origen de sus pecados; vulgo, pito. Pobre muchacho. No puedo evitar identificarme. Uno, entiendan, tiene un pasado tenebroso, de internado de curas en los años duros. Y allí, en las frecuentes comeduras de tarro –vulgo, ejercicios espirituales-, no era raro que quedásemos “tocados”, al menos por unos días. Quiero decir que a veces nos convencían y nos jurábamos no volver a pecar nunca más, previo martirio si hacía falta. Sí, ríanse todo lo que quieran. Pero pónganse en lugar de críos de diez, once o doce años, a los que expertos programadores mentales –o sea, bregados directores de ejercicios espirituales- encerraban en un lugar aislado durante varios días e infierno va, infierno viene, os vais a condenar chavales y arderéis por toda la eternidad como se os ocurra volver a tocaros la colita… No vean la tirria que se le cogía a la colita en cuestión. Porque ese, o sea, era en verdad el único foco de tentaciones que teníamos. Los demás Mandamientos estaban chupados. Pero ese se hacía incumplible. Y eso que no viene, oye, en los Mandamientos propiamente dichos. ¿O acaso pone en algún lugar “No te volverás a tocar, niño, y menos si da gusto”? Total, que luchábamos como jabatos durante algunos días contra la ardiente tentación residente en la colita, hasta que volvíamos a pecar. Y ya, como la condenación era inevitable, pues el resto del curso tan ricamente dale que te pego. Ello no obsta para que en las siguientes sesiones de comeduras de tarro –solían ser anuales- volviésemos a odiar y deseásemos cortarnos la única razón de que no pudiésemos dejar de ser pecadores. Por eso entiendo y me solidarizo con ese salmantino que hace unos días acabó, ¡zas!, con la fuente mayor y seguramente única de sus tentaciones. Y espero que el cometarros responsable haga, como mínimo, otro tanto. ¿En qué lógica cabe que la misma religión que predica lo de creced y multiplicaos prohíba el uso del órgano reproductor?
Del pito
Septiembre 7, 2007 de Braulio Llamero
JAJAJA, es una excelente critica cómica de verdad, a tan obsesiva y fanática costumbre de la iglesia, de limitar a los noveles practicantes de la sexualidad, que muchos de ellos acaban en los terribles excesos de lo que se les prohibio de manera tan trumante. El sexo es lo mas bello que puede haber en la naturaleza humana.