Estos días las librerías están llenas de mamás comprando libros escolares. (Los papás nunca se sabe dónde van cuando salen del trabajo). Es un trago, sobre todo si en casa hay más de un niño.
-Hablan de la cuesta de enero, pero anda que la de septiembre…
El reinicio del curso escolar está, como todo, cada vez más caro. Y eso que en este país tenemos la suerte de gozar de enseñanza universal y gratuita. Esa gratuidad, sin embargo, ha tenido siempre la extraña anomalía de que no afecte a los libros de texto, convertidos en un negocio impresionante. Hombre, se va remediando poco a poco y son cada vez más las autonomías que asumen ese coste. Si bien Castilla y León va a ser en eso, como en casi todo, la última en enterarse. Por eso aquí el inicio de curso sigue dando buenos sustos a las madres (a los padres no los veo casi nunca comprando libros de texto, como si eso no fuera, oye, cosa de hombres). Es la cuesta de septiembre: libros, menaje, cartera, ropa, chándal, babi…
-Hablan de la cuesta de enero, pero anda que ésta.
Lo que pasa es que vamos a tener que dejar de hablar de cuestas, porque todo el año se está volviendo cuestas. En enero, porque diciembre deja las carteras tiesas. En febrero, porque era de tontos no aprovechar las fenomenales rebajas. En marzo, porque ya es primavera en los grandes centros comerciales. En abril porque seguro que hay ofertas mil. En mayo, por las comuniones… En fin, tampoco quiero deprimir tan de mañana. El caso es que vivimos en una sociedad que cada vez aprieta más las tuercas para que gastemos hasta el límite de nuestras posibilidades. Y lo hace tan bien, de modo tan perfeccionado, que no hay manera de escaparse y cada año vamos un poco más al límite. Por eso de repente todo empiezan a ser cuestas que no hay ciclista que suba sin “ayuda”. Subimos como podemos todas estas pendientes, dopados hasta las orejas. Eso sí, el dopaje, en esto, no solo está permitido, sino que casi se nos obliga a utilizarlo: lo llaman crédito y te lo ofrecen hasta por la tele y con una simple llamada -a intereses, eso sí, estratosféricos-. No dejo de preguntarme, sin embargo, cuánto va a tardar en reventar por algún sitio todo esto. Tanto esfuerzo, tanto ir al límite, tanto “dopaje” crediticio acabará, a ver, por pasar la correspondiente facturita.
Los expertos en ciclismo dicen que si se quiere evitar el dopaje habrá que poner menos cuestas en el recorrido. Pues eso mismo pienso yo de lo que no es ciclismo. Negociantes: tanta cuesta seguida acabará con la clientela. Cuestión de tiempo.
Dopados
Septiembre 8, 2007 de Braulio Llamero